Algunas frases que he escuchado recientemente |
24/11/2008 |
"No es tiempo de posesión, es tiempo de uso" (cita de Buckminster Fuller, el arquitecto que creó, entre otras cosas, el edificio sin cimientos. Me confió esta cita el maestro Tom Zé).
"Goya: La Verdad El mundo real: Caprichos" (de Enric Cassasses, gran poeta catalán).
"La culpa del trenecito no la tiene el primero, la tiene el segundo" (dicho por mi amiga Josefina, a propósito del popular trenecito humano que se forma, a altas horas, en algunas fiestas).
"¿Todas las parejas discuten en IKEA?" (oído a Augusto Costhanzo, diseñador gráfico argentino, durante unos días en Madrid)
"¿Cuánto hace falta para ser Dios?" (pronunciado por una chica que duerme en los aledaños de la Plaza de la Cebada de Madrid; fue a eso de las 6AM de la madrugada de un lunes a un martes).
"En japonés el mismo kanji de 'crisis' sirve para significar 'oportunidad'" (creo que estamos todos recibiendo los mismos powerpoints).
"Si puede ayude, sino retírese" (leído en un aviso En Caso de Sismo en México DF).
Escrito por Bruno Galindo
a las 10:23 |
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Lucy in the Sky with Trueno |
29/10/2008 |
Habíamos quedado en la Barranca del Muerto. Después fuimos a Tlalpan. Y a San Ángel mucho más tarde, después de acabar con las chelas. La joven Bicelu insistió en la conveniencia de dejar el carro ahí, junto a la casa de Rey Trueno. Pero dos cosas estaban claras: una, que había que salir de allí de inmediato -¿pero por qué?-; otra, que ningún taxista cargaría con nosotros (eso era obvio). Era lunes. Era de noche. Era muy tarde. Nos fuimos solos. Nos acompañaban esas visiones fantásticas del Hombre Gallo, el Negro Orejón, Carne de Topo y el Payaso Orinado. Trueno llevaba el vaso de ron cargado hasta el borde, lo que no iba a terminar bien considerando la cantidad de topes que habían colocado en esas calles para impedir que vayas rápido. Topes invisibles. Rey Trueno hablaba solo: - Hora 7. Se han puesto paranoicos. Hora 10. Son sicóticos. Pasamos junto al estadio de los Pumas. Y llegamos hasta el Calígula. - Aquí sí son fibra, guey. Se pone chido. Oye, veo las lucecitas más iluminadas. ¿Donde doy la vuelta? - Aquí hay rangers -se contesta a sí mismo-. Qué mala onda, carnal -y sí: la tira estaba por todos lados. Convinimos que íbamos en busca del último Hippie Latino. Andaría por allí. A ratos todo se hacía gomoso. Trueno: - Con un poco ríes. Con más, te cuesta tragar. Oye guey, aquí no me van a dejar entrar con mi ron. (Y dijo así: mi ron. Era suyo. De Él). Pedimos tres bohemias. Rey se escupió en la mano y apagó en ella el cigarrillo. Llegaron las arcadas. Trueno temió que nos hubieran envenenado. Bailaba una tal Daniela. - Imagínate que ahora te enamoras. Lo dejas todo. Yo lo dejaría todo por ella, guey. Murmuraba una y otra vez el mismo nombre. Pero la chica se llamaba Daniela. - Naila... mi amor de juventud -dijo-. Está bailando sobre puras calaveras -añadió. Y de repente: - ¿Alguna vez viste el arco iris? Es todo lo que puedo decir -sentenció con la mirada perdida en la oscuridad. Y cuando la chica de la minifalda se sentó, él le preguntó si quería ir a cuidar sus gallinas. Ella no entendió. De inmediato vino el camarero con la cuenta. Todo el que ha estado alguna vez en un sitio como el Calígula tiene claro de antemano que la nota estará inflada por motivos en poco razonables. Rey empezó a hablar de sacar su navaja. El forcejeo verbal duró un cuarto de hora. No sé si pagamos. Sé que nos fuimos muy rápido. Fuera había una taquería abierta. La foto de un hombre motorizado. "Pedro Infante no ha muerto", decía. Subimos al carro y tomamos camino al centro. Se oyó esta frase: - Ojalá un día estemos en una buena situación. Y esta otra: - Nunca estaremos en una buena situación. ¿Qué hora era? Trueno suspiró pensando en su adorada Colombia. Llegamos a un gran bulevar. - Aquí hay unos antros poca madre. - El Burbuja. - El Balalaika. Pero todo estaba cerrado. No había un alma en la calle. De vez en cuando algunos tipos jugando a las cartas en un portal oscuro. O una Guadalupe iluminada. Trueno se lamentaba por haber dejado atrás a aquella chavita tan linda. - ¿Cuánto vamos a vivir? -decía-. Aquí está mi línea, guey. Aquí vengo cuando siento que ya nadie me quiere, guey. Ni mis amigos, guey. Soy mala persona, guey. - Ah, te afresaste, guey. Aquello era el Eje Central. Eran las cuatro de la mañana. - Solo hay taquerías, guey. No sé donde estoy, guey. Estamos en territorio prohibido, guey. Pinche Bruno. - Es triste esta ciudad, guey. - Mira, la tira otra vez. Íjole, hay patrullas por toda la ciudad. ¿Donde estamos, guey? - ¿Este es el Eje Central, no guey? ¡Para acá, para acá! - Funerales, guey. Es lo único que está abierto. - Pues vamos a comprar algo, ¿no? - Soy mala gente, guey... - ¿Para donde? - Para allá. Soy malo, guey... - ¡Puta madre! - Espera que eche una firma. Rey Trueno baja del carro. Mea. Vuelve. - ¡Mira, más Funerales! - Pinche Rey Trueno, me gustaría morirme... - ¿Quieres que nos matemos por una moneda?
más en http://www.myspace.com/reytruenoysuorquesta
Escrito por Bruno Galindo
a las 9:58 |
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"Un país muy moña en el que hay tantas cosas que no se pueden hacer ni decir que parece que si no ocultas las cosas eres un demonio". "Aquí es imposible no tener enemigos". "Nuestro caso es muy exagerado en cuanto a romper piernas: deberíamos revisarlo en Psiquiatría". Dejando a un lado los expedientes en que habría que contextualizar estas declaraciones, ¿tienen razón Robe Iniesta, Antonio del Real, Enrique Bunbury? Yo sí les suscribo en buen grado. Creo que aquí nos da mucho por pedir explicaciones sobre cosas que nos irritaría que nos preguntaran. Me parece que a veces -como cuando los niños tímidos empujan a las niñas: el primer cortejo- nos relacionamos a través de la fricción. Me da que concedemos el maleficio de la duda.
A veces noto cuchillos en foros en los que se señala que las cosas -hablemos, por ejemplo, de educación, cultura, medios- podrían y deberían ir mejor: la autocrítica, mal. Como noto un retintín de superioridad en artículos recientes sobre la recuperación de Mario Conde como miembro de la Humanidad. En uno de ellos, lejos de resaltar que uno de los grandes símbolos de nuestra codicia reciente es hoy su antítesis, se opta por bromas de piscina como el juego de palabras entre los yogis y el Oso Yogi, y se encierra entre comillas -¿por qué esa vergüenza?- que el ex banquero escarmentado por la cárcel y por su propia vida anda en la búsqueda del "camino espiritual".
Supongo que la reflexión con la que me he levantado hoy no es más que una insignificante actualización de aquello de las dos Españas. Y asumo que quizás no es la más afortunada para reaparecer por aquí después de una larga desaparición tras vacacionar durante algunos años en Siberia o Polinesia. Altas y bajas pasiones aparte, lo que más me gusta hoy de "España" es que sea el título del libro recientemente publicado por Manuel Vilas y que, por cierto, le envidio. En esa colección de textos largos, medianos y minúsculos, tal vez posmodernos pero aspirantes a alguna perdurabilidad y que a veces tienen que ver con netamente con el carácter nacional a veces no, sale un libro libre y contemporáneo. Con esta mención reinauguro un espacio donde diré cosas de vez en cuando con el modesto ánimo de compartir momentos de entusiasmo por la música, los libros, los viajes, yo qué sé.
Saludos.
Escrito por Bruno Galindo
a las 9:18 |
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Bruno Galindo
BRUNO GALINDO es escritor y periodista. Es autor de los poemarios “Lunas hienas”, “África para sociedades secretas” (Premio Rafael Pérez Estrada) y “Duna 45”, del libro de entrevistas con músicos “Vasos Comunicantes” y del reciente “Diarios de Corea” (Debate/Random House). Ha publicado desde mediados de los noventa en medios como El País, Rolling Stone, Granta, Cultura(s), Inrockuptibles, Metropoli, LaDinamo, Rock de Lux, Zona de Obras, etc. También ha sido acreditado como uno de los revitalizadores de la poesía escénica y el spoken word en España, campos en los que ha trabajado con músicos como Strand, Tom Zé, Bunbury, Nacho Vegas, Carlos Ann o Gary Lucas. Vive en Madrid.
www.brunogalindo.com |
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LO
QUE LEO:
| La ciénaga definitiva. Giorgio Manganelli. Vertiginosa, alucinante obra póstuma de uno de los últimos italianos del siglo XX. Dominador del lenguaje hasta límites intolerables, Manganelli transfigura las palabras en metafísica sin por ello renunciar al ejercicio de la historia. Esta es la de un hombre que tras cometer una felonía absolutamente imperdonable -¿cual? ¡nunca se sabrá!- asume la pena que, por unanimidad, le impone su comunidad. El dictamen es el retiro, con su caballo, a un territorio cenagoso y eternamente mutante, la más original descripción desde Dante de un infierno que, con todo, encierra una tranquilizadora sensación de haber llegado, por fin, al lugar adecuado. El manuscrito apareció, sin nombre, en el escritorio del autor, muerto en Roma en 1990. |
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ESCUCHANDO:
| Reediciones. Talking Heads. Los inimitables creadores del art rock perdudaron hasta que el talento de David Byrne desbordó, como leche hervida, los límites del cuarteto; entonces los talentosos Tina Weymouth y Chris Frantz -Tom Tom Club- y Jerry Harrison se vieron impelidos a buscarse la vida. Después de un par de décadas y alguna trifulca -como aquella breve aventura sin Byrne llamada The Heads-, los cuatro neoyorquinos se volvieron a ver las caras hace algunas temporadas en una ceremonia en la que se les nombraba miembros de ese raro mausoleo de la música anglo llamado Rock 'n' Roll Hall of Fame. Y hasta ahí las noticias de Talking Heads como Talking Heads. La unión de las circunstancias -el tiempo transcurrido, el avance tecnológico, la industria en época de vacas flacas y, en fin, la simple lógica- traen ahora una feliz noticia: la reedición de la discografía de los neoyorquinos, con imágenes viejas y nuevas, y los preceptivos extras. De entrada, cinco CD+DVD remasterizados en sonido Surround 5.1: Talking Heads 77, More songs about buildings and food, Fear of music, Remain in light y Speaking in tongues. |
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